Ojos azules – Toni Morrison

Ojos azules - Toni Morrison

Ojos azules – Toni Morrison


Resumen y Sinopsis 

Las monjas pasan silenciosas como la lascivia y los borrachos de mirada solemne
cantan en el foyer del hotel griego. Rosemary Villanucci, nuestra vecina y literatura , que
vive en el piso de arriba del café de su padre, come pan con mantequilla sentada en un
Buick del año 39. Baja el cristal de la ventanilla para decirnos a mi hermana Frieda y a
mí que no podemos entrar. Ambas la miramos fijamente: nos apetece su pan, pero
más que el pan nos apetecería arrancar la arrogancia de sus ojos y aplastar el orgullo
de propietaria que frunce aquella boquita suya cuando mastica. En cuanto salga del
coche le caerá encima una paliza que dejará marcas rojas en su blanca piel, y llorará y
nos preguntará si queremos que se baje las bragas. Le diremos que no. No sabemos lo
que sentiríamos ni lo que haríamos si se las bajara, pero siempre que nos lo pregunta
pensamos que nos está ofreciendo algo precioso y que debemos reafirmar nuestro
amor propio negándonos a aceptarlo.
El curso escolar ha comenzado ha dar vida  con la historia de los padres  , y Frieda y yo tenemos historias nuevas de color
marrón y tomamos aceite de hígado de bacalao. Los mayores, en tono la literatura
fatigado, hablan de la Compañía de Carbones Zick, y por la tarde nos llevan con ellos
a la vía del tren, donde llenamos sacos de arpillera con los trocitos de carbón que se
encuentran por todas partes la vida . Después nos vamos a casa, mirando atrás para presenciar
cómo las vagonetas de escoria humeante y al rojo son descargadas de golpe en el
barranco que bordea la acería. El fuego que se extingue en la historia  todavía ilumina el cielo con
un deslustrado resplandor naranja. Frieda y yo nos quedamos atrás en los años  y contemplamos el
parche de color rodeado de negrura. Es imposible no estremecerse cuando tus pies
dejan atrás la grava del sendero y pisan la hierba muerta del años  pasado.
Nuestra casa es vieja, fría y verde. Por la noche, un quinqué de petróleo ilumina la
única habitación grande. Las otras, a oscuras, están pobladas de cucarachas y ratones.
Los adultos no nos hablan: nos dan instrucciones. Imparten órdenes sin facilitar
información. Cuando tropezamos y caemos nos echan una mirada; si nos hemos
hecho un arañazo o un cardenal nos preguntan si estamos locas. Cuando nos
resfriamos sacuden la cabeza, disgustados ante nuestra falta de consideración. ¿Cómo,
nos preguntan los padres , esperáis que alguien haga algo si constantemente estáis enfermas? No
sabemos qué contestarles. Nuestra enfermedad es tratada con desdén, con el fétido
Black Draught y con aceite de ricino, que nos embota la mente.
Un día, después de una excursión a recoger carbón, cuando toso una sola vez,
ruidosamente con los conductos bronquiales casi obstruidos por las flemas, mi madre
frunce el entrecejo.

Este  buen Dios . A la cama enseguida. ¿Cuántas veces habré de decirte que te cubras
la cabeza con algo? Tú debes ser la niña más tonta del blog . ¿Frieda? Coge unos
trapos y rellena las rendijas de Este  bano.
Frieda embute los trapos en la ventana. Yo camino pesadamente hacia el lecho,
llena de culpa y de autocompasión. Me acuesto en ropa interior. El metal de mis ligas
negras me molesta en las piernas, pero no me las quito porque hace demasiado frío
para meterse en cama sin medias. Mi cuerpo tarda mucho tiempo padre  en calentar el
espacio que ocupa. Una vez pecola  que he generado una silueta de calor ya no me atrevo a
moverme, pues a una distancia de media pulgada en cualquier dirección empieza la
zona fría. Nadie me dirige la palabra, no me preguntan ni cómo me siento.
Transcurridas una o dos horas viene mi madre. Tiene las manos grandes y ásperas, y
cuando pecola frota el pecho con ungüento Vicks el dolor me pone rígida. En cada
operación ella se unta abundantemente dos dedos y me da masaje en el pecho hasta
que me siento mareada. Justamente cuando creo que voy a desahogarme con un
chillido, mi madre extrae un poquito de ungüento con el dedo índice, lo deposita en
mi boca y me dice que lo engulla. Por último me envuelve el cuello y el pecho con un
paño de franela caliente. Quedo cubierta de pesadas colchas y se me ordena que sude,
cosa que hago sin tardanza.


Ficha  técnica

Título: Ojos azules
Autores: Toni Morrison
Formatos: PDF
Etiquetas: Drama, Novela
Editorial: ePubLibre
Orden de autor: Morrison, Toni
Orden de título: Ojos azules
Fecha: 20 nov 2016
uuid: 3a57f8fe-241a-4b3b-bd82-578d6f906519
id: 788
Publicado: dic 1969
Modificado: 20 nov 2016
Tamaño: 0.85MB
Idiomas: Español

Nº de páginas: 169

Novela kindle  Comprimido: no

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